Hace unos años, cuando por motivos que no vienen al caso, retomé la afición por la escucha musical y los equipos de audio; poco podía imaginar los avances y desarrollos que se habían realizado desde los años 80, cuando tuve mi “flechazo” por la reproducción musical de calidad. Al margen de fuentes, amplificadores y cajas acúsitcas/auriculares, poco más pensaba que había en este mundillo. Pero poco a poco, escuchando a los que tienen más experiencia (ejercicio magnífico para orientarnos en el camino aunque cada uno debe encontrar el suyo), largas horas de audiciones y disfrute; muchas lecturas y algunas comeduras de “coco” fui intuyendo que siempre había un algo más; algo que podía lograr sacar el máximo rendimiento al equipo que tanto había costado construir. Y así llegué a conocer esos pequeños, a veces no tan pequeños, “tweaks” o accesorios que, para muchos secundarios (cuando no superfluos o inútiles) que dan ese plus a nuestros elementos principales. Ese plus se centra en los detalles, en esos detalles que, cómo decía un antiguo compañero de trabajo, convierten lo bueno en excelente.
Pues bien, dentro de este ámbito se enmarca el protagonista (o protagonistas de este hilo), el Power Kit; en mi caso este Power Kit, se componía de la regleta Ryder y de un “aparatejo” de nombre de novela de Asimov: Quantum, ese era le nombre del invento que llego con la regleta.
Sinceramente, no sabía como enfocar este post; así que disculpad sí en algunos momentos me disperso un poco.
Antes de comenzar a desgranar mis experiencias con dichos inventos, conviene saber desde que punto partía. Actualmente mi equipo está bastante, dentro de lo que cabe, equilibrado y “nutrido” en cuanto a cables etc: con Cardas, Harminic Technology, IsoTek (en regleta) y VDH; salvo en modulación donde debo realizar un cambio lo antes posible, este aspecto, lo tengo bastante cubierto logrando una calidad de sonido que me parece muy aceptable, siempre mejorable, por supuesto.
Ya había leído mucho sobre la regleta, había podido catarla (el primer diseño y en un equipo que no era el mío) hace un año aproximadamente; pero tenía curiosidad de escuchar su comportamiento en mi configuración; del Quantum había leído algo pero no tenía ni idea de cómo podía actuar.
La regleta impresiona por su aspecto robusto y bien construido (la más alta tecnología es lo que tiene

); con un peso considerable y un cable que, igualmente impresiona por su grosor y aspecto.
La conecte y deje que fuera “atemperándose” unas horas. Cuando me enfrenté a ella, en poco tiempo pude percibir sus aportaciones. ¿Sutiles?, quizás si, peri importantes. El mayor cambio lo noté en la transparencia; aún pensando que mi equipo no tenía “velos” que enturbiasen el sonido, pude darme cuenta la presencia de más “aire” entre los instrumentos; una mayor agilidad a la hora de transmitir las microinformaciones que hay en las grabaciones. La mayoría de las escuchas las realicé con los Edition 10 y, en menor medida con los K702 (los HD650 también han participado de forma menos relevante al no conocerlos tan bien) por conocer muy bien estos auriculares y considerarlos muy transparentes y resolutivos.
Las dos escuchas que más me impactaron por su incremento en los aspectos antes descritos, fueron la 9ª de Beethoven (Von karajan-DG) y Miles Davis en “A Kind of Blue”. En ambas grabaciones, la atmosfera de la grabación (de un estudio a un auditorio) se veía perfectamente reflejada: ¡¡¡que cuerdas más vivas, que vientos tan embriagadores; que humanidad en las voces¡¡¡¡¡. Realmente me parecía que estaba escuchando un equipo que era algo diferente, la tímbrica seguía siendo la misma, pero no había nada (o eso me parecía que enturbiase la escucha), solo música que llegaba de una manera muy fluida. Quizás esa transparencia podría definirla como una ausencia de “ruido” de fondo; ruido, que no era consciente de tenerlo ahí.
Así que estuve unos días disfrutando de esa nueva calidad que podía tener al alcance de mis oídos. El Quentum seguía en su caja; me pusé con él pero quería seguir disfrutando de la aportación de la Ryder.
También utilicé música menos “refinada”; por ejemplo el “Sitra Ahra” de Therión (magnífico disco por cierto, complejo y completo) o Génesis; con todos ellos la Ryder continuaba ofreciendo ese plus. A dinámica también se vió reforzada; quizás no de forma espectacular pero era evidente en los “crescendos” de cada uno de los discos.
El Quantum también impresiona en su construcción, Aunque sobrio en sus formas, no dispone de nada que llame la atención, es compacto, pequeño y pesado; con un acabado en aluminio pulido que transmite sensación de mucha claridad. El Quentum puede ser utilizado en “pasivo”, es decir: como elemento intermedio pero sin que actúe (mientras no apriete el “power”, deja pasar el flujo de corriente peor sin actuar) así seguía con la regleta únicamente.
Cuando ya tenía claro lo que me aportaba la Ryder, decidí apretar el ON del Quantum y……………………….. Nada, ahí no pasaba nada. Miré a ver sí estaba encendido, lo estaba pero no se notaba nada. Bueno, dado que tampoco molestaba, no lo apagué.
Yo esperaba escuchar algún “click” y un empuje o algo por el estilo. Pero nada de esto pasaba.
Seguía escuchando tranquilamente. Al de unos minutos me dije: ¡coñ……! Que sonido tan transparente!!!!!. Sí parece venir de fuera. Apagué el Quantum; el sonido siguió siendo igual de transparente. Estaba claro que mis oídos estaban jugándome una mala pasada; pero al de un rato el sonido se enturbió; volvió a ser lo que era. Así que no me quedó otra que pensar que el Quantum no actúa de forma inmediata; al menos en mi caso. Dado que trabaja con campos magnéticos, electrones y espíritus descarnsado, parecía que debía de tomarse un tiempo para actuar; o a esa conclusión llegué (y la mantengo) tras mi experiencia.
Ya con el Quantum encendido de forma constante, me paré a degustar diversos discos que conozco bien:
La 9ª. De Beethoven. Que intensidad, viveza y transparencia en los “ataques orquestales; que dinámica¡¡¡¡¡¡. Pasaba de un sonio suave y poco audible a una presión sonora considerable sin que mediase giro del pote. Y ¿las voces?. Perfectamente ubicadas en el espacio. La escena había ganada varios enteros. NO es que fuese más ancha o profunda, no. Los Edition 10 ya ofrecen eso sin necesidad de nada; era más coherente; más estable. Permitía situar a cada intérprete en su lugar, como sí estuvieses asistiendo y viendo el concierto en directo y percibieras que ese violín está situado un poco a la derecha del director y esa viola un poco más arriba.
A kind of Blue de Miles Davis. Que contrabajo¡. Por un momento estuve en NY en el 59´. La atmosfera del estudio la podía palpar y los defectos propios de la grabación antigua se mostraban como una parte llena de humanidad y cercanía. Hay algo en la atmosfera de esa grabación que cautiva, sinceramente.
Madredeus-O espíritu da paz. Muy natural, cercano; sin artificios. El primer tema te transporta a un local de fados (no es un fado pero el subconsciente juega sus cartas) donde están tocando la guitarra, acompañada de una acordeón cerca de la mesa donde estás cenando. Viveza, riqueza tímbrica; sencillez pero mucha naturalidad en el sonido.
The dark side of the moon- Pink Floyd. Nunca había escuchado este disco así. La ubicación de la guitarra de Gilomoure es magnífica; el bajo de Waters suena denso, limpio y sin sequedad. La “torpe” batería de Mason suena aireada cuando siempre la había notado seca y áspera; los teclado de Wright, con los efectos sonoros de Parsons te hacen girar la cabeza en alguna ocasión: viene el sonido de fuera de fuera o son los auriculares???, puedes preguntarte.
Tuve que desmontar el equipo. Unas obras comenzaban. Sí bien mantuve mi configuración habitual, empaqueté (hasta mañana) la Ryder y el Quantum. Volvía a mi realidad; había una pérdida de dinámica, de transparencia; pero, sobre todo, de escena cohesionada y coherente. NO puedo decir que mi equipo suene mal, para nada, pero se notaban algunas carecias que espero disfrutar mañana de nuevo.
La verdad es que, creo, me he liado un poco; lo siento. Uno es pasional y cuando algo le gusta no puede remediarlo.
Sí alguien pretende quemarme en la hoguera por hereje y decir estas cosas; negaré que las he dicho; sin embargo: se mueve.
Un saludo