Aunque comparto la opinión generalizada de que es más fácil conseguir un sonido equilibrado por un precio razonable en unos auriculares con un diseño abierto que usando copas cerradas, siempre he tenido curiosidad por saber si hay auriculares cerrados que puedan sonar realmente bien. No en vano los auriculares dinámicos que tienen la fama de ser los mejores jamás fabricados son unos cerrados, los Sony MDR-R10.
Cerrar los auriculares añade el problema de la onda trasera en contrafase, que o la “matas” con algún absorbente, o te aguantas añadiéndola a la que te llega frontalmente. La mayoría de cerrados tienen, por este motivo, un grave mucho más presente, que suele tender a “cabezón” y también una tendencia a exagerar las sibiliancias y brillos que no es de lo más confortable. También suelen tener alguna coloración debida a la vibración del recinto y las resonancias internas que el sonido radiado por la parte trasera del transductor genera, como pasa con los altavoces.
Sus ventajas respecto a los abiertos se supone que son mejor aislamiento del ruido exterior y sobre todo, menos irradiación de lo que estás escuchando a tu entorno. Pero pagas el precio de que tus orejas quedan encerradas, se airean peor y sientes calor y más presión. ¿Es que nunca hay nada perfecto?
Como suele pasar con estas cosas si tienes la mala costumbre de leer los foros, llegas a plantearte si realmente hoy en día se fabrican auriculares cerrados que puedan tenerlo “todo”. Te pica el gusanillo y empiezas a documentarte. Entonces lees por ahí que si los D5000 van muy pasados de grave y hay gente que los está modificando engrosando las almohadillas y metiéndoles absorción a base de algodón, que si los Darth Beyers tienen muchísimo grave también, que si los Edition 9 esto, que si no hay nada como los R-10, que si los L3000 lo otro, que si los W5000 tienen el agudo no sé qué… y acabas con una empanada mental gloriosa. Tienes un dinerillo extra pidiendo guerra, ninguna posibilidad de probar la inmensa mayoría de lo que parece interesante antes de gastártelo y sigues leyendo foros, críticas y comentarios. En eso que te enteras de que JVC, una marca que en el mundo audiófilo es un perfecto cero a la izquierda (aunque hicieran en su momento de los mejores vídeos VHS), fabrica unos auriculares cerrados, con una pinta soberbia, que valen un dineral –para los precios de auriculares muy decentes, no para lo que cuestan los cacharros de audio, que suelen ser caros de narices- y que encima mucha gente habla bien de ellos. Algunos dicen que son los mejores auriculares cerrados actualmente en fabricación, supongo que para sacar de la lista de favoritos a cosas míticas como los R10, Audio Technica L3000 y piezas de ese porte. Salvo por algunos que comentan sobre una coloración en los medios que no parece molesta y por otros que los encuentran pasados de grave (aunque siempre insisten en que es de buena calidad), no hay comentarios realmente negativos. Igual son buena opción. Te lo miras un poco más, buscas por Internet y al final, decides pedir un par a Audio Cubes.
Los auriculares salen de Japón a los tres días de haber hecho y pagado el pedido. Sigues el “tracking” y llegan a España a los tres días de haber salido de Japón y aunque en la web del seguimiento no dan muchas más pistas que “retenidos en aduanas”, los días van pasando y tu inquietud aumenta. El estatus sigue siendo “aduanas”. Preguntas a Audio Cubes si hay problemas. Te dicen que ni idea, que preguntes en aduanas. Buscas por Internet y te enteras de que las aduanas se han puesto duras con los envíos que vienen del Lejano Oriente. Mierda. Procuras tener paciencia, pues todo lo que encuentras es el teléfono de aduanas que debe estar permanentemente apagado y parece que tu única alternativa es irte a Barajas, a Aduanas, a ver qué pasa. Con esos horarios tan compatibles con los de los currantes, no parece una solución muy práctica. Al final tienes suerte y tras 8 días, se supone que de complejas y laboriosas negociaciones internas en las Oficinas de Aduanas –léase el funcionario A lleva tus papeles al funcionario B quien al día siguiente calcula el flete, después lo dirige al funcionario C, algo indispuesto por una gripe insidiosa, que tarda dos días en calcular el IVA, para dejarlo en la mesa del jefe de negociado, hombre importante y muy ocupado, que necesita otros tres días para repasar las cuentas, coger el sello de caucho de su mesa, impregnarlo de tinta violácea y dar el visto bueno- , llaman a la puerta por la tarde y es el cartero que trae tu paquete procedente de Japón y una factura para que le abones un 20% extra de impuestos y aranceles. Otra vez mierda. Este experimento va a acabar saliendo bastante caro.
Con esa mezcla de ansiedad, emoción, anticipación y curiosidad que te devuelve durante unos minutos a la infancia, abres la caja de cartón de embalar, marrón, cerrada con cinta americana y dentro encuentras otra caja de cartón, bien protegida con lámina plástica de burbujas, de color negro, con una leyenda plateada que dice “HP-DX1000 Stereo Headphones Victor JVC”. Uno se espera, después de aflojar más de 100.000 pesetas –de las difuntas- algo un poco más exquisito, pero no, es lo que hay. La caja se abre como las de zapatos, levantando una tapadera que abarca todo el recinto de la parte inferior hasta la base. Y ahí están ellos, cubiertos por un sobre de plástico conteniendo papeles de garantía y folletos, tus nuevos auriculares. Es una pena que no nos enseñen japonés en el cole.
La primera impresión es “¡Jo cómo abultan!”. La segunda “Esa maderita mola, pero no brilla tanto como la de los Audio Technica o los Denon, ni es tan oscura”. La tercera “¡Qué poco pesan!”. La cuarta “¡Menudo cable! Esto no hace un nudo ni por descuido”. Y la quinta “¡Qué blanditas y confortables parecen estas almohadillas!”.
Remiras la caja por si hubiera alguna bolsa para transportarlos, un adaptador de jack de 1/4” a 1/8” pero no, no hay nada más. Auriculares y documentos, eso es todo. Acercas los auriculares a la nariz. Las almohadillas huelen a piel, tienen tacto de piel y tienen costuras como la piel. ¿Serán de piel? Dedicas unos minutos más a mirarlos y remirarlos, ves que la banda cede y recupera su forma sin mucha tensión, que los anclajes de las copas son metálicos, que las sujeciones en la banda son de plástico, pero corren bien y aguantan el ajuste que dejes para el tamaño de tu cráneo, que el forro de la banda también es de piel, que la impresión de la marca y modelo sobre las copas de madera parece de buena calidad pero no va grabada, que el jack de conexión es dorado y tiene el aislante de la misma madera de las copas, que aunque nadie lo había comentado las almohadillas van montadas sobre unas piezas con forma de cuña que hacen que el auricular no quede perpendicular a la oreja sino ligeramente rotado hacia atrás y que a cada lado, además de las preceptivas L y R avisándote de cuál es cada canal, hay unos puntitos que dicen lo mismo en Braille. Aunque no sepas Braille, es muy fácil distinguir qué copa corresponde a cada canal al tacto. Buen detalle.
Y entonces vas y te los pones. Chutas el conector a la salida de la tarjeta de sonido, que aunque con limitaciones no suena del todo mal, abres Foobar2000 y escoges uno de esos discos que tienes en mp3 bien hechos por ti mismo, que conoces como la palma de tu mano. Antes de que empiece a sonar te das cuenta de que eso de que los auriculares cerrados aíslan del ruido es una verdad a medias. Al menos con éstos. Algo aíslan, pero no creo que mucho más de 10-15 dB. Muy lejos de los 30dB que te quitan unos buenos tapones antirruido. Bueno, así tampoco estás aislado del medio y puedes oír el teléfono si te llaman, que tampoco está mal. Y empiezan a sonar.
Volvemos a otra primera impresión: “¡Caramba qué graves!” Entonces piensas ¿será un grave bien definido? Y sigues escuchando. Pues parece que sí, potente, profundo, con mucho cuerpo, lo bastante como para llamar la atención, pero no como para oscurecer el resto del espectro. Te asaltan las dudas. Pones otro disco que tiene un tema que pone en evidencia a casi todos los auriculares y altavoces. Y pasan la prueba con nota. La mejor nota hasta ahora de cuantos auriculares has escuchado. “Joer, esto promete” piensas. “Y no llevan sonando ni veinte minutos“, sigues pensando. Eso te lleva a decidir comprobar si ese grave es subjetivo o realmente bajan lo que parece. Y bajan lo que parece y más. A las profundidades del averno, hasta ahí bajan. Dicen que los seres humanos no oímos por debajo de 20Hz, pero no es del todo cierto, con suficiente intensidad percibimos claramente la energía sonora, aunque no la identifiquemos como un tono, a 15Hz y algunos hasta a 10Hz. Éstos a 10 Hz no estoy seguro de que bajen, pero a 15, certifico que lo hacen. Lo que no sé es con cuánta distorsión. No parece mucha, no escucho armónicos…. Esto sigue prometiendo mucho. Y haces un barrido hasta 20KHz y de paso que compruebas que tu audición sigue en bastante buen estado, descubres que también suben. A 20KHz llegan escasitos, pero llegan. Hasta unos 15KHz bastante equilibrados, sin mucha sensación de altibajos, claro que eso teniendo en cuenta que nuestra audición no es lineal, es poco significativo.
Entonces es cuando te da el ataque de euforia y vas y lo cuentas en el foro. Decides que dar muchos más pormenores no es sensato, no están rodados y encima estás con esa euforia tonta del juguete nuevo que no es nada buena para intentar ser objetivo. Aún así cuentas cosas y compartes esa ilusión pueril. Sigues siendo un niño grande amigo.
Y en vez de someterlos a la tortura que tan bien ha funcionado en otras ocasiones con los AKG, los Sony, los Ultrasone y tantos otros chismes, te dedicas a escuchar música con ellos. Y películas. Y conciertos en DVD, y la tele, y la radio. Descubres que son suficientemente reveladores, como que te cuentan muchas cosas. Todo suena distinto, cada cosa tiene su propio carácter, oyes detalles de las grabaciones, de cómo las hicieron, te haces tus hipótesis de qué micros usaron, cómo los pusieron. Pero a diferencia de con otros auriculares que tienen ese tipo de claridad, con éstos te lo pasas bien escuchando. Tan bien que empiezas a poner discos de cuando tenías 15, 20, 25 años y tenías un equipo roquero, de los de grave con pegada y agudo incisivo. Ahora suena el grave menos indefinido, y los agudos menos incisivos, pero te lo pasas igual de bien. ¿Seguirán sonando así de bien cuando tengan más horas encima?
Pasan los días y te dedicas solamente a hacerlos funcionar cuando estás escuchando, nada de desperdiciar ese sonido. Calculas que habrán estado funcionando unas 40 horas y en ese tiempo has apreciado altibajos, momentos de grave pasadísimo de vueltas, de agudos que es como si no estuvieran, sin nada de chispa y como apagados, sin caída y sin aire. Pero pese a ello, el sonido en conjunto es agradable y no te importa, es como si estuvieras seguro de que eso no va a estropearse. Es cuando decides que igual conviene acelerar el proceso un poco y dejarlos sonando aunque no los escuches. En dos días les metes 20 horas de música (sigues sin querer hacerles el tratamiento de choque), bastante fuerte ya, claro que si estos bichos aguantan 1500 mW es difícil que los quemes por burro que seas. Parece que se van estabilizando y que el agudo se equipara con el grave, aunque no del todo. La sensación de espacio aumenta, el grave sigue siendo generoso, profundo y el sonido total cálido, divertido y emocionante. Y sigues poniendo música y escuchándolos. Rock, clásica, jazz, solistas, tríos, cuartetos, big bands, sinfónicas, filarmónicas… se lo tragan todo y suenan bien con todo. ¿Congestión? Pues para llevar tan pocas horas, no parece importante, si es material muy complejo y lo pones fuerte, pues como cualquier otro. ¿Dinámica? Bien, lo flojo flojísimo y lo fuerte fortísimo, y puedes seguir cada elemento por separado, pero coherente y formando parte de un todo. No suenan mal a poco volumen, aunque el agudo baja bastantes enteros y el sonido se queda a merced del grave, claro y corpóreo y de los medios, bien estructurados y definidos; también aguantan la tralla sin despeinarse como ningún otro auricular que haya tenido conectado a ese mismo equipo.
Aún así notas que en general son muy sosegados y no tienen el tipo de resolución de detalle y textura en los agudos de los AKG, los Sennheiser o los electrostáticos. Van de otro palo. Recuerdan un poco al sonido divertido, pasadito de graves pero muy escuchable de los Koss Porta Pro o los KSC-55.
En esto que como parece que una de dos, o estás completamente demenciado o te sobra la pasta –va a ser lo primero- te llega otro amplificador de auriculares. Por aprovechar la oportunidad, lo vendían casi nuevo a buen precio, mira cariño qué bonito es, no tiene ni un rasguño, ella dice que sí, que los conectores brillan como si no los hubieran usado nunca…. La excusa es que como tienen salida balanceada y en el precio me incluyen el cable para probar eso con los Sennheiser, hay que aprovechar para probar cosas. Si no pruebas no aprendes. Valiente excusa. Pero bueno, ésa es otra historia. El caso es que chutas los DX1000 al nuevo ampli, el RPX-100 de Rudistor y descubres que esos bichos no necesitan mucho para sonar decente, pero si les metes chicha a saco puedes ponerlos todo lo fuerte que quieras que antes te quedas completamente sordo que logras hacerlos clipar. Estamos en unas 60-80 horas de rodaje. No va mal la cosa.
Llega el fin de semana y tienes todos los juguetes a punto para hacer pruebas, escuchar, comparar y hasta consigues engañar a unos amigos, buenos amigos y buena gente, que se traen sus propios juguetes, entre ellos dos equipos para medir auriculares, sacar curvas de respuesta de frecuencia, impedancias, distorsión, respuesta impulsiva… el lote completo. Cuando ellos vienen ya es domingo y los auriculares rondan las 150 horas de uso, tal vez un poco más, siempre rodándose con música, nada de torturas con ruido blanco/rosa, impulsos ni barridos.
Se los coloca uno y dice: “caramba qué grave, mucha información hay ahí, pero predomina sobre el resto”. Tú que lo sabes asientes pero destacas que también tienen agudos refinados, un medio bonito, son muy dinámicos… Se los pone otro y pone cara de no sabes si flipe o estar haciendo una lista mental de todos los motivos por los cuáles no se los compraría. Los prueba otro y parecen gustarle. Lo que está llamando la atención de todos es el ampli y el más peligroso de todos los amigos pregunta el precio y dónde se puede comprar. Ha caído. Pobre.
(Continúa como respuesta, el número de caracteres excede los 20.000 permitidos)....